Cuando nos invaden las ganas, no hay poder humano que nos detenga: una clienta que intenta pagar de otra manera, unos vecinos sin moral y unos alumnos que buscan el salón de clases.
Cuando nos invaden las ganas de tocar y que nos toquen, no hay poder humano que nos detenga: una clienta que intenta pagar de otra manera, unos vecinos sin moral y unos alumnos que buscan el salón de clases.